viernes, 30 de enero de 2009

Luna de Plata que llora lágrimas de esmeralda

Dime, dama de la noche, ángel celestial, ¿de qué color son tus lágrimas, imposibles de tocar?
En esta oscura noche, de viento helado que se cuela por las rendijas de mi alcoba, dime, tus lágrimas, ¿quién las secará?

Perfecta señora, a la que todo el mundo ama, ¿te sientes tu tan sola, o te sientes afortunada? Testigo de aventuras y desventuras de jóvenes y adultos, testigo de noches en vela, juramentos y murmullos ¿Has conocido el amor?

Dime, luna de plata, si hay algún hechizo para menguar el dolor que siento, intenso, dentro de mi pecho. Acaso, luna perdida, ¿hay algún remedio para este corazón sin vida? Dulce patrona nocturna, permíteme postrarme ante ti y darte mi súplica.

Me duele el pecho, es un dolor agudo que no cura con el tiempo, las pastillas no me calman y no encuentro consuelo. Emperatriz de los cielos, eterno ángel de luz, ¿es acaso este mi castigo? ¿qué mal fue el que yo cometí?

Me siento triste en esta oscura noche, me siento perdida, y muy sola. Dime, si sólo soy una mortal, cuya vida no vale más que una mísera gota de lluvia, ¿qué puedo hacer para aliviar el dolor de aquellos que me rodean? No quiero ver más sus lágrimas desbordar de sus ojos y empaparme la ropa, ya no.

¿Qué es este sentimiento, que se me agolpa en el pecho obstruyéndome la garganta? Tan fuerte que apenas si puedo respirar. Me siento débil y tengo ganas de llorar. No, por favor, no salgáis, no quiero derramar ni una sola nunca más. Quiero ser fuerte y poder iluminar a otros, como tu lo haces mi dama celestial.

Dime Luna Lunera...cuando tu te sientes sola....¿a dónde vas? ¿Quién seca tus lágrimas? ¿Quién cura tus heridas, para al día siguiente volver a brillar?

Dime Emperatriz de plata...
¿Y a mi?
¿Quién me curará?

sábado, 24 de enero de 2009

Carta de un Suicida

A todo aquel que le interese la inútil existencia de mi vida.

Escribo esta carta pensando que quizás nunca nadie vaya a leerla. Naci como nacen lo hacen los niños normales. Mi nacimiento no fue un día destacado, no vine con un pan bajo los brazos, yo no era ningún niño especial. A pesar de no tener más de un año de vida, mis padres sufrieron desdichas sólo por que yo vine a este mundo. Tuvieron que abandonar el pueblo que tanto querían y amaban, y todo porque yo estaba viva, y tenía hambre.

Crecí, poco a poco como los niños de antes, y siempre, siempre, estaba sola. Donde yo vivía, los niños se burlaban de mi, me pegaban y me hacían llorar. Al volver a mi casa, mi padre me decía: "tienes que ser más fuerte".
Humillada, más veces de las que realmente pueda recordar. Apartada de todo el grupo, rodeada de amigos que sólo me querían para que les ayudara con los deberes. Sí...siempre estuve sola. Desde los albores de mi nefasta existencia.
Las personas que a mi lado estaban iban y venían sin motivo ni razón, llevándose de mi, poco a poco, pequeños trozos de mi corazón.
Mi único refugio fueron los libros. Pequeños trozos de aventura, donde las palabras amor o amistad realmente significaban algo. Me hicieron fuerte y pensé que algún día sería aceptada por mis semejantes.

Seguí creciendo, en silencio, sin llamar la atención, era sombra de las personas más populares, quería firmemente ser como ellos, quería ser especial, destacar, pero en todo, todo, no resulté ser más que una mediocre.
Me utilizaron, hasta robar cada uno de mis sentimientos, me lo robaron todo, todo, mis sonrisas, mi amabilidad, mi primer beso y los siguientes, mi primera vez...todo me lo robaron, hasta mi alma.

Ahora, ya no soy nada, no valgo nada, para nada, ni para nadie... entonces, ¿para qué estoy en este mundo? No veo sentido a mi existencia, no soy nada y no tengo nada.
A mis padres, mis preocupados padres que lo dieron todo por luchar por una mediocridad como yo, sin conseguir más resultado que gritos, voces y llantos. Lamento los daños causados, no existe dinero para pagar tanto dolor.
A mi hermana, a la que jamás aprecié lo suficiente, a la que envidiaba con toda mi alma, por que ella consiguió ser alguien en todo aquello que yo quería destacar. Pérdoname.
A mis amigos, a los que tardé siglos en encontrar. Ya no hay cenizas que podáis recoger, no hay sonrisas, ni alegrías, yo no puedo seguir vuestro camino, aquí nos separamos. Gracias por todo.
A ese chico, al que tanto amo y que no me corresponde. No te sientas afligido por mi marcha, yo soy solo una más en tu larga lista, sigue adelante. Ama.

A todos aquellos con los que una vez me crucé en su camino...
Nos veremos en el más allá...tal vez allí si que pueda brillar por mi misma...
Sayonara...

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A los lectores de este blog, no asustarse. No es verídico. Estaba aburrida y se me ocurrió la idea.
No estoy tan loca como para abandonarlo todo. No soy una cobarde.

miércoles, 14 de enero de 2009

Alas de ángel

El tiempo y el espacio confluyen uno sobre el otro, forman un todo.
El aire frío hiela hasta el más lejano rocío de la mañana, dentro de unas horas comenzará el amanecer, pero el sol no llegará a lo más oscuro de este bosque.
Los grandes y frondosos fresnos, acres, pinos, no dejan que el sol traspase su verde barrera y el frío es tan intenso que se forman témpanos de hielo en las ramas de los árboles.
El suelo es una mezcla de tierra, hojas y hielo, pero también hay plumas.
Antaño de un inmaculado blanco, brillantes, suaves, pero ahora están manchadas de barro, sucias, negras. Se esparcen todas a los pies de un gran roble de ramas rotas y de ojarasca poco tupida, y al pie, sentada y tan sucia como las plumas, estoy yo.

Tengo frío.
Me castañetean los dientes con tanta violencia que me hago daño en la mandíbula. Con mis manos y mis brazos sujetos mis rodillas recogidas en mi cuerpo para intentar mantener el poco calor que me queda. Mi vestido de fino lino, antes impoluto, ahora está plagado de manchas de barro y lágrimas, tapada simplemente con la fina capa de la soledad.
Miro mis manos, negras y agrieteadas con las uñas medio rotas, recuerdo que quise trepar por el roble para ver la luz del sol, pero no recuerdo cuando fue. Llevo años en este árbol.
Los ojos me duelen, los tengo hinchados y secos. Una vez estuvieron vivos y derramaban tantas lágrimas que ahora no me queda nada, incluso el color verde habrá ya desaparecido del iris.
Mi pelo, recuerdo como era, suave y sedoso, tan brillante que el sol se reflejaba en él, pero ahora...estaba áspero, seco, enmarañado, cae con pesar enmarcando mi sucio rostro, tan pálido que solo se descubren mis marcadas ojeras.

A mi alrededor todo es oscuridad, ni el sonido del bosque me acompaña. No hay animales, no hay hadas, ni duendes, ni una suave brisa que meza las frágiles hojas de los fresnos. Y ahí están todavía aquellas frágiles plumas que un día formaron parte de mi. Una a una fueron abandonándome, cayendo como hojas marchitas cuando llega el otoño, pero, yo se que no nacerán plumas nuevas a mi espalda. Ya no habrá más plumas, jamás volveré a tener alas.
Miro al cielo y me parece ver mi pasado.
Recuerdo haber sido un ángel bello, recuerdo la luz del sol, y mis alas blancas desplegadas bajo sus rayos. Recuerdo el sonido del agua, y el olor de la hierba.
¿Por qué estoy aquí?
Si antes era un hermoso ángel, ¿por qué ahora están mis alas rotas?

Silencio.

Ahora recuerdo.
Estoy aquí, por que nunca fui ángel. Yo era luz y vida, era humana.
Y si estoy aquí, es por que abandoné mi alma.
Si estoy aquí.
Es por que perecí.
Esta debe ser mi condena. Lo tenía todo y todo lo perdí. La gente como yo no merece ser ángel, por eso mis alas están rotas, por que nunca llegaron a formarse.
Nunca llegaré a ser ángel...por que terminé con mi vida antes de que me llegara la hora.
Lo abandoné todo.
Y ahora sufro las consecuencias.

Ya debe haber amanecido, noto mas claras las ramas más altas de los árboles. Seguramente el sol será muy cálido. Añoro aquellos días en los que jugaba bajo su luz.
Si puediera volver al pasado, viviría...
viviría cada minuto, cada segundo...
y cuando ya mi vida tocara a su fin, me serían concedidas mis alas de ángel.
Si hubiera vivido...
no estaría en oscuridad...

domingo, 11 de enero de 2009

Confundida

Yo, perdida en este tiempo y espacio, sumida más allá del día y la noche, me veo ahora con la mente confusa.
Y tengo miedo.
Esta duda que me invade por dentro es tan arrolladora que me debilita todo mi ser, hasta el mismo punto de no saber quién soy, dónde estoy, o qué quiero hacer con mi vida.
Y ahí entra ella.
Ella, esa a la que llamé mi angel salvadora. Esa que tantas veces arrulló mis sueños y veló mis noches, secando mis amargas lágrimas y cubriéndome aquel amargo y oscuro hueco al que yo llamaba soledad.
Estuvo a mi lado en los peores momentos, y también en los mejores, pero ahora todo escapa de su cauce. Lo que en principio pareció una amistad sincera, ahora podría llamarse obsesión.

Ahora duermes, a mi lado, te miro y la ternura que me invade es tan grande que me hace sonreír. Mi mejor amiga, consejera, mi hermana sin lazos de sangre, y sin embargo, tu pides más de mi. Deseas obtener de mi todo ese cariño que en todos tus años de existencia en este mundo te han negado. Me esfuerzo por quererte y protegerte ante todo y ante todos, pero mis límites son ciertos y no puedo quebrantar las normas de mis propios sentimientos.
Ahora puedes decir que soy tuya. No tengo ataduras, solo vivo para ti, si deseas algo te lo doy aunque yo sepa que en el fondo no es lo correcto.

Y peco, peco de ternura, y soy culpable por buscar en ti ese cariño rechazado tantas y tantas veces por los hombres. No, no debería, pero, sin embargo, ahora, deseo ser querida más que nada.
¿egoísmo?
No lo sé.
Estoy confundida
Algún día aparecerá él, y volveré a vivir el infierno ya pasado. No quiero tener que elegir entre los dos, no tengo fuerzas para ello, solo quiero amar y ser amada y vivir...lo deseo más que nada.
No me pidas caricias que no podré darte. Lo que buscas no soy yo por mucho que lo desees, sólo te estás engañando a ti misma, como lo estoy haciendo yo.

Se hace tarde, y el sueño va llenando cada uno de los resquicios de mi cabeza. Debería dormir.
Aunque desearía que esto no pasara a mayores, no quiero que termine, tal vez esté cometiendo un pecado capital. Tal vez me esté ganando el infierno con mis deseos...pero, aún así, no me arrepiento...
Solo espero, que nunca llegue a arrepentirme de haber arriesgado tanto contigo. Nunca nos casaremos y sabes de sobra que estoy hecha para amar, pero no de la manera que tú me pides que te ame...por que esa, cielo mío, no te la puedo dar, por mucho que tu me la pidas.

Me duele la cabeza de pensar, estoy tan cansada, cierro los ojos adormecida, es hora de dormir y dejar en un rincón todas esas estúpidas preocupaciones.

Hasta que el amanecer me guíe por el camino correcto...