miércoles, 14 de enero de 2009

Alas de ángel

El tiempo y el espacio confluyen uno sobre el otro, forman un todo.
El aire frío hiela hasta el más lejano rocío de la mañana, dentro de unas horas comenzará el amanecer, pero el sol no llegará a lo más oscuro de este bosque.
Los grandes y frondosos fresnos, acres, pinos, no dejan que el sol traspase su verde barrera y el frío es tan intenso que se forman témpanos de hielo en las ramas de los árboles.
El suelo es una mezcla de tierra, hojas y hielo, pero también hay plumas.
Antaño de un inmaculado blanco, brillantes, suaves, pero ahora están manchadas de barro, sucias, negras. Se esparcen todas a los pies de un gran roble de ramas rotas y de ojarasca poco tupida, y al pie, sentada y tan sucia como las plumas, estoy yo.

Tengo frío.
Me castañetean los dientes con tanta violencia que me hago daño en la mandíbula. Con mis manos y mis brazos sujetos mis rodillas recogidas en mi cuerpo para intentar mantener el poco calor que me queda. Mi vestido de fino lino, antes impoluto, ahora está plagado de manchas de barro y lágrimas, tapada simplemente con la fina capa de la soledad.
Miro mis manos, negras y agrieteadas con las uñas medio rotas, recuerdo que quise trepar por el roble para ver la luz del sol, pero no recuerdo cuando fue. Llevo años en este árbol.
Los ojos me duelen, los tengo hinchados y secos. Una vez estuvieron vivos y derramaban tantas lágrimas que ahora no me queda nada, incluso el color verde habrá ya desaparecido del iris.
Mi pelo, recuerdo como era, suave y sedoso, tan brillante que el sol se reflejaba en él, pero ahora...estaba áspero, seco, enmarañado, cae con pesar enmarcando mi sucio rostro, tan pálido que solo se descubren mis marcadas ojeras.

A mi alrededor todo es oscuridad, ni el sonido del bosque me acompaña. No hay animales, no hay hadas, ni duendes, ni una suave brisa que meza las frágiles hojas de los fresnos. Y ahí están todavía aquellas frágiles plumas que un día formaron parte de mi. Una a una fueron abandonándome, cayendo como hojas marchitas cuando llega el otoño, pero, yo se que no nacerán plumas nuevas a mi espalda. Ya no habrá más plumas, jamás volveré a tener alas.
Miro al cielo y me parece ver mi pasado.
Recuerdo haber sido un ángel bello, recuerdo la luz del sol, y mis alas blancas desplegadas bajo sus rayos. Recuerdo el sonido del agua, y el olor de la hierba.
¿Por qué estoy aquí?
Si antes era un hermoso ángel, ¿por qué ahora están mis alas rotas?

Silencio.

Ahora recuerdo.
Estoy aquí, por que nunca fui ángel. Yo era luz y vida, era humana.
Y si estoy aquí, es por que abandoné mi alma.
Si estoy aquí.
Es por que perecí.
Esta debe ser mi condena. Lo tenía todo y todo lo perdí. La gente como yo no merece ser ángel, por eso mis alas están rotas, por que nunca llegaron a formarse.
Nunca llegaré a ser ángel...por que terminé con mi vida antes de que me llegara la hora.
Lo abandoné todo.
Y ahora sufro las consecuencias.

Ya debe haber amanecido, noto mas claras las ramas más altas de los árboles. Seguramente el sol será muy cálido. Añoro aquellos días en los que jugaba bajo su luz.
Si puediera volver al pasado, viviría...
viviría cada minuto, cada segundo...
y cuando ya mi vida tocara a su fin, me serían concedidas mis alas de ángel.
Si hubiera vivido...
no estaría en oscuridad...

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