Bienvenido al último día de tu vida
Cada mañana, es la frase que leo mientras voy sentada en ese amasijo de hierros, en forma de nicho, al que llamamos autobús.
Todos los días veo la misma frase. Pintada con spray color verde musgo sobre el fondo grisáceo del hormigón, que recubre las estructuras de la base del puente que sujeta la autovía.
Macabra expresión, tal vez.
Pero me hace pensar en la vida que llevo.
¿Que pasaría, si este, realmente, fuera el último día de mi vida?
Simplemente, moriría sin haber vivido lo suficiente.
Bienvenido al último día de tu vida.
Todos sabemos el día que nacemos. Lo saben nuestros padres con casi nueve meses de antelación.
Pero, ¿y el día de nuestra muerte?
Esa fecha nunca, nadie la sabe. Y tal vez hoy, mientras escribo estas líneas y reflexiono, tal vez hoy sea el último día de mi vida.
A pesar, de que puede ser solo una frase que ayude a mentalizar a los conductores, o, simplemente, una gamberrada de algún joven incomprendido que aspira a ser filósofo de masas.
Podría ser tantas y tantas cosas. Pero para mi, ese mensaje tiene profundidad, tiene algo que me deja absorta mirándolo y pensando: ¿Y si este fuera...mi ultimo día?
Suena a la típica imagen emo: "Si yo me muriera mañana, ¿qué me dirías hoy?"
He reflexionado mucho sobre ello, si yo supiera que hoy, es mi último día... no se lo diría a nadie.
Viviría al máximo cada momento, cada segundo, dando lo mejor de mi a cada persona para que, cuando yo ya no esté, me recuerden sonriendo y no quedar para siempre en el olvido.
A veces me pregunto si dejo huella en la gente con la que me cruzo. Si, por algún motivo, esa gente se acordaría de mi, de mi nombre, de mis ojos, de mis manías... lo he estado pensando, y soy una pequeña hormiguita más en una marabunta de gente que va y viene sin pensar que cada minuto vivido, bien podría ser el último.
Como todo ser humano, tengo sueños, ilusiones y ganas de vivir, pero cada vez que paso por ese muro y veo la frase escrita en él, algo se detiene dentro de mi. A veces, logro olvidarlo por completo. Otras, como hoy, no puedo quitármelo de la cabeza. Da vueltas una y otra vez, hasta agobiarme, hasta marearme, hasta que toda mi fortaleza, todo el muro que me recubre, se quiebra lentamente.
A veces tengo miedo de vivir y no saber manejar mi vida.
Tengo pánico a la soledad, a pesar de saberme defender sin compañía. Soy como el perro del hortelano, y soy consciente de ello.
Cuando miro esa frase y reflexiono, me entra pánico. No, no tengo miedo a la muerte. Nunca se lo he tenido, ni a crecer, ni a envejecer y mucho menos a morir...por que es inevitable, es solo un paso más. Pero...tengo miedo de morir sin haber vivido.
Si hoy fuera el último día de mi vida, yo moriría sin haber vivido, y eso es lo que me da miedo.
Bienvenido al último día de mi vida...
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