miércoles, 15 de diciembre de 2010

Corazón helado

Los ojos hinchados y enrojecidos son señal inequívoca de que las lágrimas fueron las únicas protagonistas de la noche.
No sufras, corazón mío, vuelve a tu hurna de cristal, la hurna de hielo y escarcha en la que encerrado siempre estarás. Corazón, no salgas, no se te ocurra latir ni una vez más, mi querido corazón inerte, congelado hasta la muerte, yace para siempre en mi ataúd de cristal.
Retazos de mi algma gritan sin cesar, se retuercen y se consumen en lágrimas que nadie podrá aliviar. Mis sentimientos están censurados, ¡Corazón no latas más!, ¿no ves, mi querido ingénuo, que no puedes amar?. Me quedo sola entre tinieblas, mis sentimientos jamás nadie los conocerá, encerrados quedan, con mi corazón, en aquella fría tumba de cristal.
Destrozada me pregunto, ¿Es que no encontraré libertad? ¿Por qué con unos si y otros no puedo mostrar mi debilidad?.

Tengo frio.
El aire corta mi respiración hasta convertirla en un murmullo ahogado mientras mi cabeza se plantea una y otra vez cual fue el pecado cometido.

Me gustaría, ¡Oh cómo me gustaría!, de una vez y para siempre mi corazón de su encierro salvar, pero, por desgracia, eso nunca ocurrirá. Me siento sola, me siento triste, ¿Con quién voy a hablar ya? todos juzgan y nadie me conoce, dime tú, corazón de cristal, ¿A quién podrías amar?

Las finas lágrimas se secan en mis ojos hundidos y rojos. Una noche más de llanto, una más de angustia y soledad. ¿Para qué tanto dolor? Yo te voy a contestar, para que el pequeño y helado corazón de su hurna no salga jamás.

No hay comentarios: