Aún no puedo creerme lo que pasó.
No puedo asimilar semejante traición.
Me pesa el alma y el corazón.
¿Acaso todo fue mentira?
El miedo me empujó a realizar una prueba, algo que erradicaría, por fin, todos mis miedos, mis fantasmas del pasado desaparecerían con una simple prueba y mi confianza sería plena...
.... y me equivoqué.
Tal vez elegí el peor momento, el peor día, la peor hora. Este entramado de casualidades me desesperaba, el miedo a revivir la misma historia no me dejaba vivir. Estaba segura que una segunda parte no podría soportarla.
Busqué el modo de saber la verdad.
Buenos amigos.
Buenos contactos.
Y la verdad a un solo click.
Pero tenía miedo, miedo de ver como mis fantasmas se realizaban y aquellos dos números fueran exactos. Estaba aterrada. Siempre he sido demasiado cobarde. Y esperé. Y confié. Y cuando la situación me superaba, cuando mi debilidad más se acentuaba, más creció mi paranoia y más impulsó aquella prueba, que al final, resultó acertada.
Durante un día, minutos, o instantes, viví una mentira.
Trazada por mi "mejor amiga" y el chico que decía que el "lo daba todo por sus amigos".
¿Por mi bien?
Si claro.
La mentira no hace bien a nadie.
Yo no soy tonta.
Y tengo sentimientos. Dentro, muy dentro de mi. Pero los tengo.
Aquel día lo olvidásteis.
Os creísteis dueños de mi vida. ¿Realmente pensábais que me engañaríais?
Me mentisteis.
Y os he pillado, y ahora, el silencio.
El silencio frío y aterrador que provoca que mis lágrimas no puedan detenerse.
Porque han pasado cinco días ya y ninguno vino a buscarme. Ninguno de los dos movió un solo dedo para saber, simplemente cuantificar, cuánto daño me habrían hecho.
Pero no.
Nada.
Ni una palabra.
Nada.
Ni una simple contestación a un e-mail.
Nada.
Ya pasaron cinco días, y aún no dieron señales de que mi amistad significara nada.
Para ella, seis largos años de amistad y entrega. Con sus altos y sus bajos. Sus risas y llantos. Soportando pequeñas mentiras, pequeños desprecios y dolorosos recuerdos pasados. Amistad que defendí y por la que luché durante muchos años. Años desperdiciados.
Para él, que simplemente apareció de repente en mi vida, me robó mi confianza para luego apuñalarme por la espalda. Me hizo confiar en él, en tener fe en sus palabras, en pensar que yo le importaba y que éramos buenos amigos. Me enamoró, completamente, a pesar de que yo querría haberlo impedido, a pesar del miedo que me daba de repetir lo mismo. ¡Cómo desearía no haberte abierto mi corazón!
He esperado una simple muestra, sólo una, de que os importaba, por lo menos como amiga, por lo menos como persona, pero me he dado cuenta que yo sólo he sido un juguete en vuestras manos.
Un juguete temperamental, introvertido, una muñeca de porcelana con mucho carácter pero de interior frágil.
Jugásteis conmigo.
Con mis sentimientos.
Y cuando me he roto, me abandonásteis.
He esperado durante cinco días que el maldito teléfono sonara.
He esperado durante cinco días a que en el buzón de entrada hubiera un maldito email.
He esperado un simple mensaje que desmintiera lo que en realidad pensaba.
He esperado... hasta el último segundo he tenido fe.
Pero no sirve para nada.
Mi teléfono jamás sonará.
La bandeja de entrada nunca recibirá el mail deseado.
Mi corazón jamás encontrará cura.
Estoy rota.
Y como las cosas que ya no sirven, me habéis tirado a la basura.
En el fondo de mi corazón, deseo que seáis felices.
Que tu novio vuelva pronto a ti, que tu familia no te hiera nunca más y que hayes por fin ese modelo soñado de amistad que yo no te pude dar.
Que vuelvas con la chica a la que tanto amas, y que no la vuelvas a dejar ir. Que cumplas tu sueño y que todo te sonría.
En cuanto a mi... buscaré algo útil que hacer con mi vida.
El amor y la amistad ya no existen para mi, ¿para qué? son solo palabras, promesas, que nadie cumplirá.
Si estoy sola.
Si no vuelvo a amar.
No volveré a llorar.
Y ya no quiero llorar más.
Y a la mente se me vienen las palabras que cierto madrileño me dijo una vez...
"...Siempre estarás sola, nunca nadie te va a querer..."
Qué razón tenías
y que ciega fui para no verlo.
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